España desmiente rotundamente las declaraciones de EE.UU. sobre bases para atacar Irán
El gobierno de España rechazó de manera contundente las declaraciones de la Casa Blanca que sugerían una supuesta cooperación española en la ofensiva militar liderada por Estados Unidos contra Irán. En un comunicado emitido este miércoles, las autoridades españolas aclararon que su postura no ha variado, a pesar de las amenazas del expresidente Donald Trump, quien días antes había advertido con cortar el comercio bilateral si España no permitía el uso de sus bases militares para operaciones estadounidenses.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, había afirmado ante la prensa que España “escuchó alto y claro” el mensaje de Trump y que, en consecuencia, había aceptado colaborar con las fuerzas armadas de Estados Unidos. Sin embargo, estas declaraciones contrastan con la realidad: el martes, el propio Trump había criticado abiertamente al gobierno español, acusándolo de obstaculizar los planes militares de Washington. Durante una reunión en el Despacho Oval con el canciller alemán, Friedrich Merz, el entonces mandatario estadounidense llegó a proponer embargos contra España, país miembro de la OTAN, como medida de presión.
El desencuentro entre ambos gobiernos se agravó después de que un avión militar estadounidense estacionado en territorio español abandonara el país el lunes, tras la negativa de las autoridades locales a permitir el uso de sus instalaciones para acciones bélicas contra Irán. España, que ha mantenido una postura crítica frente al conflicto, ha reiterado que no participará en operaciones militares, aunque ha expresado su apoyo a la democracia y los derechos humanos en Irán.
El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, calificó los ataques de Estados Unidos e Israel como una “intervención militar injustificada y peligrosa”, mientras que el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, fue aún más claro: España no cooperará con el ejército estadounidense en esta crisis, a pesar de compartir los valores de libertad y derechos fundamentales para el pueblo iraní. Esta posición refleja el distanciamiento de España respecto a la estrategia de Washington, que ha escalado su confrontación con Teherán tras la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, en un operativo militar lanzado durante el fin de semana.
El conflicto, que estalló con una serie de ataques aéreos y cibernéticos, ha generado preocupación en la comunidad internacional. Trump, quien inicialmente sugirió que la operación podría extenderse por semanas, aseguró esta semana que Estados Unidos tiene “la capacidad de ir mucho más allá” en su respuesta. Aunque no ha descartado el envío de tropas terrestres, la portavoz de la Casa Blanca aclaró que, por el momento, no se considera necesario desplegar soldados estadounidenses, ya que los enfrentamientos continúan en otros frentes.
La tensión entre España y Estados Unidos pone de manifiesto las diferencias dentro de la OTAN sobre cómo abordar la crisis con Irán. Mientras algunos aliados respaldan la postura de Washington, otros, como España, han optado por una posición más cautelosa, priorizando el diálogo y la contención. El gobierno español ha insistido en que su negativa a participar en la ofensiva no implica un rechazo a la alianza transatlántica, sino una defensa de su soberanía y de los principios de no intervención en conflictos externos.
La situación sigue evolucionando, pero lo que queda claro es que la relación entre ambos países atraviesa uno de sus momentos más tensos en años. La decisión de España de mantenerse al margen de la operación militar ha generado reacciones encontradas, desde el apoyo de sectores que valoran su independencia hasta las críticas de quienes consideran que debería alinearse con sus socios tradicionales. Mientras tanto, el mundo observa con atención cómo se desarrollan los acontecimientos en una región ya de por sí convulsa.